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Remando Hacia la Consciencia

Cuando remas, sin prestarle mucha atención, vas hacia atrás, alejándote de lo conocido. Tomé consciencia de esto al adentrarme en un lago. Con el sol acariciando mi cara, observaba el puerto desaparecer detrás de las olas que provocaba con las palas que tiraba con fuerza para sentir el aire despeinarme.


Vivir con consciencia es así. La lucha persistente de soltar lo conocido e ir a ciegas, confiando que así llegarás a conocer lo necesario para desvelar cada secreto, cada aprendizaje que te ayudará a redescubrir tu inocencia y la sabiduría que subyace detrás de cada línea de tu cara.


Es normal torcer el cuello para mirar al horizonte hacia donde viajas o pedir indicaciones de alguno que te acompaña en la barca. Pero, las respuestas no están ni a lo lejos, ni en el concilio de los presentes. Lo cómodo es perseguir una explicación o definir los motivos. La realidad es mucho más que el conjunto de vocablos, por muy elocuente que sean tus versos.


Remaba feliz, indiferente del rumbo y de la velocidad, disfrutando del agua que salpicaba cuando se me escapaba una pala, de los patos que charlaban en su lengua curiosa, de la conversación con mi pareja y, sobre todo, del silencio. La tranquilidad es cuando atenúa el murmullo de la mente, dejando paso a las emociones.


La sensación que da el latido de un corazón feliz es lo que relaja la tensión en la cara. De repente, como si los sentidos adquiriesen superpoderes, aprecio el lenguaje de las olas y el abanico de colores más allá que en los ojos a los que miro y la sonrisa que brilla sin pedir nada a cambio.


La felicidad es dejar fluir el momento y sentir sin prejuicios ni las justificaciones que te obligas a dar a las partes de ti que proyectas en otros.


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