No me Acuerdo de mis Recuerdos

Me consume la duda de cómo realmente fue ese momento que creo recordar. Es indiferente a la frustración de tener una melodía familiar o el verso de una canción que juro haber escuchado antes. Permanecen los ecos de las conversaciones, adulterados para encajar con una emoción que ya no sé separar de lo que creo que fue y lo que pienso que es.


A menudo siento ese calor reconfortante de vivenciar algo de nuevo después de haber experimentado algo indistinguible hace tiempo. Pero es una estrella fugaz, tan grandiosa como breve, alumbrando un instante y luego perdida en el olvido. Entonces, me pregunto si es la misma estrella que vuelve o, sencillamente, otra parecida.


El aprendizaje es un espiral, un patrón de experiencias con matices que desvelan las pistas que me invitan a romper esa repetición e integrar lo aprendido. Lo que semblan recuerdos son las pautas que guardo, como apuntes esenciales para aprobar el examen final, ese momento cuando expongo mi sabiduría frente la máxima autoridad. Allí me preparo para desafiar mis miedos de insuficiencia bajo la mirada del juez mordaz que es la parte de mí que rechaza mi vulnerabilidad.


Soltar la necesidad de controlar es liberarte. También lo es dejar de analizar la veracidad de lo que ya no es o, incluso, nunca ha sido. El pasado y el futuro son creaciones de una mente con ansiedad de racionalizar lo inexplicable. Nunca ha sido importante ni adónde voy, ni de dónde vengo, sino dónde me ubico.


Así tomo consciencia que lo importante no es lo que fue, ni lo que será, sino lo que siento y lo que cada experiencia evoca en mí. Soy lo que veo y lo que escucho. Todo es la realidad que he creado para comprender auténticamente quien soy.


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