La Confluencia de Conocerte

“I can’t live, with or without you” U2



La convivencia no es sólo cuestión de la pareja. Empecé a tener roces con mis padres desde pequeño al darme cuenta de lo mucho que amaba a mi familia. Pero, desde lejos. Era precoz en tomar consciencia de la tendencia de sentir una necesidad para rodarme de gente para evitar no sentirme solo, sino tener que estar solo y así ser yo mismo por y para mí.


Según se disipaba la inocencia de la infancia, cogí cada vez más gusto a tener una personalidad camaleónica para encajar con el entorno en el que me encontrase en cualquier momento. Coleccionaba un abanico de máscaras para ocasiones diversas y una habilidad incansable para levantar los ánimos de todos y así bañarme en la diversión ajena en la espera de que me quedara algo para mí.


Me costó horrores reconocer la lección de las relaciones condenadas al fracaso, la familia que no me comprendía, los amigos que no querían conocer mi autenticidad y las parejas que no me hacían felices. El que huye de su sombra, no ve la luz. De hecho, tuve que agotar las reservas y caerme al barro del desespero. Desde allí, no me quedaba más remedio que contemplar mi reflejo y aceptar mi perfecta imperfección.


La disonancia que había vivido en tantas relaciones me había obligado a quemar las máscaras en la gran fogata que rugía dentro de mí. Entonces, pude mirar las facciones de mi cara, las líneas de expresión que marcaron la pérdida de la inocencia y el reencuentro con la sabiduría perdida.


Así comprendí que, para confluir con otros, tuve que descubrir mi autenticidad y abrazarme a pesar de no poder cumplir las exigencias que me había impuesto. En ausencia de ellas, lograba disfrutar las idiosincrasias que definen mi expresión de la conciencia compartida. Para dejar fluir hay que reconocer tu ser y soltar la pretensión de ser quien jamás he sido.


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