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Descubriendo Mis Sistemas

Mi familia es el sistema que estableció el modelo de todas las relaciones a las que he pertenecido a lo largo de la vida, incluso la que voy desvelando poco a poco con las diferentes partes de mí.


El primer sistema nació cuando me di cuenta de que mi madre es un ser escindido de mí con sus propias necesidades y obligaciones, algunas compartimos y otras no. Después, la terciedad extendió la figura en el triángulo que conecta al hijo con la figura de la madre y la del padre. Finalmente, el triángulo se hizo un círculo en el que los miembros de la familia intercambian afecto, apoyo, cariño y responsabilidades.


Esta interacción sucede con una fluidez relativamente constante. Sin embargo, las normas existen para desafiarlas. Es normal que los roles sistémicos sufran adaptaciones. La autoridad y la emoción rebaten la prioridad, al igual que los roles que las representan.


Al tomar consciencia de que este sistema no es el único, aprendí a reconocer que no es tan diferente al conjunto de voces que hablan dentro de mí y de las que consiste cada personalidad. El reto por excelencia de la vida es moderar el conflicto entre las partes del carácter. Del mismo modo que se trata de entenderse entre familiares o amigos.


Mi satori llegó cuando comprendí que no sólo soy el hijo de mi padre, sino el padre de mi hijo. Por tanto, este nuevo sistema no me excluye del anterior, sino me permite ver que es uno entre tantos, los que conozco y los que jamás conoceré.


Es tan importante aceptar que la tranquilidad depende de tomar el tiempo necesario para conocer las partes de tu personalidad y soltar el juicio que cargas a ellas. Ese juicio tiende a transformarse en la culpa que es un desplazamiento de la responsabilidad. Cada persona es la suma de sus voces y figuras, cada una enriquece su identidad tan singular y múltiple a la vez.


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