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Soltar la Delusión de la Permanencia

Aunque la vida es cambio y elijo navegar en aguas movidas, hay ciertos elementos que parecen permanecer fijos. Si me relajo incluso se convierten en sostenes o salvavidas. Entonces, me doy cuenta de que nada es permanente y me entra el miedo a ahogarme o a que me lleve la corriente mar adentro donde pierdo el rumbo de mi vida y el contacto con mi presente.

Hay lugares donde me refugiaba de los elementos y hacía míos, un hogar donde descansar y reencontrarme conmigo. Pero, las pertenencias sólo sirven para engañarme de haber llegado al destino idealizado. La odisea exige buscar nuevos lugares, donde desafiar todo lo que creía que me identificaba y definía quién soy. Porque soy cambio. Soy lo que acepto de mí en este momento y lo que rechazo de mí también.

También hay figuras que se asoman de las masas para acercarse a mí y enseñarme lo que no consigo ver en mí. Cada persona me regala aprendizajes y algunas me acompañan durante tramos tortuosos que parecen interminables hasta el día que tomo consciencia de que su mano se me ha escapado, como la arena que cojo en el puño de la playa al observar las olas romperse delante de mí. Las despedidas nunca son fáciles porque exigen aceptar el duelo de una versión de mí que ya no cuadra con mi presente.

Soltar no consiste siempre en dejar atrás a quienes comprendo que ya no me aportan o a experiencias que ya me dejan indiferentes. Sino ser auténtico y responsable de mi presente. Hay un sinfín de estrellas en el firmamento, cada una es una experiencia que he tenido o queda por deslumbrarme.

La vida me hace humilde. Acepto lo que tengo y lo que no, sin juicio o expectativas de manipular mi realidad. Soy los recuerdos de quién seré y la acumulación de cada experiencia que me ha permitido reconocer mi propia luz en la larga noche.


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