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La Pertenencia

Hay unas necesidades básicas que compartimos todos y que nos hacen personas. Desde la infancia buscamos pertenecer y sentirnos parte de un sistema, una familia o el clan más adecuado en cada situación que forma parte del camino. La pertenencia no surge de nacer en una familia o vivir en un lugar. Es un misterio que se moldea a la lección que alberga el destino para cada uno.


Siempre imaginaba que amar bastaba para pertenecer. Por eso, inicié un proceso de asemejarme al entorno de mi infancia. Buscaba la felicidad en cumplir los sueños introyectos de mis padres. Oprimía mis deseos y mi curiosidad para sentirme un hijo deseado. Tantos compartimos la ceguera de seguir el camino creado por nuestros ancestros.


Tuve que alejarme de la familia, de su historia y de su presente para encontrar mi realidad. Conocí el amor cuando dejé de buscarlo en lo que comprendía que debía ser mi hogar. Distinguí la permanencia del amor. Algunos nacemos para crear una bifurcación en la familia. Seguimos siendo parte de ella, aunque pertenecemos a una realidad lejana.


No puedo echar de menos lo que nunca era mío. No me siento solo por haber estado deslocalizado. Al contrario, la aventura de encontrar mi auténtico hogar me ha permitido probar múltiples versiones de mí mismo en lugares diversos. Es trascendental mirar al espejo y ver una figura borrosa que se ha ido despejándose para mostrar mi autenticidad, tan diferente al que intentaba ser para mi familia.


Me siento distinguido por haber tenido la oportunidad de embarcar hacia un nuevo horizonte. La pertenencia no es tal y como la definen sino aquello que siento cuando decido compartir con alguien la totalidad de mí, tanto las lágrimas de alegría como las de frustración. Soy mi hogar y me pertenezco. Os invito a compartir el amor que brilla dentro de aquí.



FOTO de MichaeL_fight_the_power (Pinterest)

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