El regalo de la soledad


Desde hace tiempo aprendí a amar el silencio que llenó el vacío de la vida que dejé atrás. Tantas voces declarando promesas imposibles. Ojos abiertos mostrando la oscuridad en la que las almas yacían en un letargo eterno, domadas por la gratificación de una sociedad enfermiza.

No deseo que pasen los días hasta llegar al fin de semana para conversar sobre lo que no me interesa o bailar con una música que no hace latir mi corazón y, menos aún, caer en los excesos de los narcóticos que me ayudaban a crear una irrealidad cómoda en la que antes me escapaba sabiendo que al alba no recordaría las travesuras que mostraba un rechazo del rol en el que me encarcelaba.

La llama titilante de la vela que antes me permitía ver el ropaje con el que me disfrazaba hoy es una fogata inmensa y vibrante con todos los colores del arcoíris, cada uno baila con la energía que han dejado las almas que he amado en esta vida y en las otras que he vivido y las que me quedan. Algunas llamas guardan una cara con los labios que besaba mientras entendía el susurro de la lección que traería el dolor del despido inevitable de esa mensajera embrujada. Ésa que me invitaría a entregarme a esa pira de la ignorancia sin miedo para sentir la fuerza de la luz radiante de la sabiduría que guardaba en el paraíso de mi sentir, aquel reino eterno que ignoraba por miedo a abrir mis ojos a la deliciosa realidad. En su lugar me quedaba a sus puertas intentando protagonizar una tragicomedia en la que se me olvidaba el guion que nunca existió.

El silencio es la canción de cuna del despertar de mi alma. Bailo con aquellas llamas en forma de los cuerpos de las que he amado sabiendo que son partes de mí. Las partes que he ido integrando para ser quien soy, para conocer mi autenticidad e integridad y para amarme con honestidad.

#alma #trascender #sabiduría #consciencia #amor

Entradas destacadas