Soltando las expectativas y las explicaciones

Ese día de enero que siempre llega. A veces el uno o el dos, otras veces se atrasa algunos días más mientras las reflexiones se asientan. El reencuentro con la familia y con las comparativas con los amigos de la infancia que siempre acompañan las sonrisas falsas en la mesa de las comidas familiares.

Nunca he creído que cambiara el mundo cuando se cambian los números que pusieron en su momento para definir un concepto irrelevante que se diseño para explicar la inexplicable naturaleza del infinito que es el tiempo. Sin embargo, me aprovecho siempre para indagar en mi presente para conectar con quien quiero ser y observar cómo pretendo acercarme a un mayor conocimiento de ese ser atemporal.

Aunque no haya nadie que me pueda amar más que yo me amo, es cierto que algunas personas me facilitan la contemplación de mi estado actual por lo que yo proyecto en ellas. Puedo elegir a las que la vida ha obsequiado a mi soledad para darme otra perspectiva informativa. Acepto que esta visión no es siempre la más agradable, dado que hay partes de mí que no quisiera ver y las personas a las que más amo suelen ser las que más me enseñan y, por eso, más me lastiman. Las mejores lecciones siempre son las que más duelen porque el dolor es el mejor maestro al dirigir nuestra atención a la parte de mí que más necesito atender.

Las casualidades no existen. Cada persona que entra en mi vida trae consigo una enseñanza fundamental en el momento en el que estoy preparado para comprenderla. Cuando intento desviar la atención por no querer enfrentarme a una realidad incómoda es cuando sufro porque el Universo me arrastra de nuevo a sentarme cara a cara con los demonios más temidos de mi negación.

Si algo he aprendido es a aceptar que los pasos que doy pisan un camino que fue diseñado y decorado antes de mi nacimiento a la perfección para que tuviese todo lo que me hiciese falta para aprender lo necesario, lo que mi alma vino a experimentar y, por ende, comprender.

Somos los canales que eligieron las almas para contener las energías en la forma de un cuerpo que habita en un mundo creado por la mente que busca racionalizar las emociones que sentimos con colores, olores, sonidos y texturas que crea cada uno para justificar un sentimiento cuya función es profundizar el entendimiento del sentir.

Al soltar las expectativas y las explicaciones, he comprendido que cada sensación me conecta con la sabiduría que siempre ha estado dentro de mí. No adquiero la información, sino la asocio con lo que siento para trascender las definiciones y poder observar las vibraciones de las emociones desde una perspectiva más espiritual.

____________ Mathew Lees

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© Mathew Lees 2017

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