El Camino Hacia Mí


Acepto que mi camino nunca va a ser fácil, caeré una y otra vez. Me meteré por bifurcaciones que me alejan de mí para tener que volver a mi centro cuando llegue a los callejones sin salida. Elegiré acompañar a gente con la que me perderé al adaptarme a una complicidad que en realidad no hay. Me distanciaré de mí mismo con las dudas que me planteo, las que finalmente me ayudarán a seguir los desvíos que no veía entre la nubosidad de mi certeza obstinada, incluso cuando es errónea. Me encontraré con obstáculos aparentemente infranqueables que servirán para despertar habilidades anteriormente desconocidas en mí.

En las imperfecciones encuentro mis fortalezas, mi sabiduría y profundizaré la conexión con mi fiel acompañante, el Universo, que desde dentro de mí, me empuja a seguir el camino que ha elegido transitar mi alma en esta vida. Cada experiencia sucede para que aprenda lo que necesitaba comprender para sanar las heridas heredadas de vidas pasadas, de asuntos no resueltos. No hay casualidades, sino ocasiones para conocer a los que reflejan en mí lo que no veo, y situaciones que desvelan conocimientos o habilidades que se aletargaban dentro de mí.

El sendero por el que camino es perfecto en su imperfección. Suelto las expectativas de adónde me lleva porque el destino es donde piso ahora mismo. No puedo elegir más allá que seguir adelante o quedarme en la indecisión y la inocencia de la ignorancia. El sufrimiento es lo que siento cuando intento control hacia donde voy o cambiar lo que es. Entonces, el Universo me arrastra con contundencia de nuevo a mi centro como lo hace la leonesa con el cachorro que se aleja de la manada. Volveré a pasar por las mismas situaciones vez tras otra hasta que aprenda a romper los patrones de los que quiere liberarse mi alma, de la misma manera que conoceré a la misma persona las veces que hagan falta para que vea la parte de mí que necesito sanar.

La perfección es una ficción indeseable a que se aferra la gente que no se siente preparada para seguir el camino de la sanación colectiva. Es tentador caer en el miedo de fallar y abrumarse por el fracaso, en el lugar de apreciar lo maravilloso de la experiencia del aprendizaje que ofrece cada tropezón. Para brillar hay quebrar las capas que son los filtros que acumulamos desde la infancia para integrarse en la sociedad. Ninguna estrella necesita titubear como la más cercana sino mostrar la gloria de sus propios colores e intensidades.

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Mathew Lees

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© Mathew Lees 2017

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